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Mensaje por Maladie Mar Mayo 21, 2013 6:28 pm

La Máscara de la Bestia [Poveglia, 1500] Poveglia+sunset(1)

Los alaridos de los dementes serían la única compañía aquella noche. Durante horas, Ginno había vagado por los enrevesados pasillos de la macabra construcción asegurándose de que las celdas estaban bien cerradas, de que los enfermos estaban a buen recaudo.

-¡En la hoguera hallaremos gloria!- de nuevo aquella maldita frase. Fuera donde fuera, esas cinco palabras lo perseguían como perseguía la Parca a los mortales. El fuerte repicar de su porra contra los duros barrotes fue suficiente para acallar las voces, mas no para calmar su corazón.

- ¡En la hoguera hallaremos gloria!- tan sólo unos instantes y ya regresaron aquellas palabras.

-¡Si ordalías buscáis continuad gritando!- la voz de Ginno restalló contra las paredes silenciando de nuevo las voces. Por desgracia para él, pronto el Sol los abandonaría. El susurro incesante de quejidos y sollozos se volvió apenas audible y, por primera vez en toda la jornada, el guarda pudo descansar.

Caminó decidido hacia el puesto central del complejo: un discreto candil sobre una mesa roída y una silla quejumbrosa. No obstante, era suficiente para él, lejos de aquellos lunáticos que le ponían la piel de gallina. Entonces lo escuchó... el sonido de las cadenas... Ginno se llevó la mano al corazón y, posteriormente, agarró el rosario que pendía de su cuello. Cerró fuertemente los ojos y, acto seguido, miró hacia la ventana para comprobar con terror cómo los últimos rayos de luz acariciaban los muros del sanatorio.

-Padre Nuestro, que estás en los cielos... santificado sea tu nombre... venga a nosotros tu reino...

-¡En la hoguera hallaremos gloria!

-¡Silencio!- su voz se rompía por el temor. Sonaba quebradiza, débil, casi muerta... de nuevo las cadenas.

Ginno se levantó y agarró el candil con todas sus fuerzas. Aquella noche sería diferente, aquella noche se atrevería a mirar. Caminó por los pasillos oscuros, apartándose de los lánguidos brazos que emergían de las celdas para intentar arañarlo o algo peor. El sonido de las cadenas era incesante... tenía un destino.

Padre Nuestro que estás en los cielos... santificado sea tu nombre...

-¡AHHHHHHHHGGGGGG!- el alarido se tornó gorgeo en los últimos instantes. El candil cayó al suelo y derramó su sangre alrededor. El muro de fuego se alzó ante él como si las puertas del Averno se acabaran de abrir.

Spoiler:

-¡En la hoguera hallaremos gloria!

-¡Callaos de una vez!- la congoja se apoderó de él mientras vio al otro lado de las llamas cómo uno de los espectros arrastraba a su víctima. La sangre manaba cual fuente de su garganta y sus ojos vidriosos presagiaban el fin. En un arrebato de valor, quizás temeridad, Ginno saltó las llamas que poco a poco se iban extendiendo. Persiguió a la criatura hasta un lugar muy oscuro y vio cómo se alimentaba.

-¡Quieto monstruo!- el mosquete estaba cargado, no podría errar el disparo. -¡Apártate y no te haré daño!- la criatura devoraba la tierna carne de su víctima mientras los pasillos se llenaban de alaridos y terror.

-¡En la hoguera hallaremos gloria!

El guarda disparó. La bala atravesó el pasillo y provocó un ruido ensordecedor. Tan sólo el crepitar de las llamas se mantuvo en la distancia. La humareda se disipó y el cuerpo inerte de la víctima se encontraba solo sobre la fría roca. Ginno abrió los ojos y sonrió aliviado. Había vencido... el fantasma se había ido... él lo había expulsado. Se acercó al cuerpo y cerró sus ojos, quizás de aquella forma el pobre diablo descansara. Ginno se santiguó y se irguió. Su cuerpo dejó entonces de responder.

-¡En la hoguera hallaremos... hallaremos... AHHGGGH GLORIAAAA!- el fuego penetró en las primeras celdas acariciando a quienes tan dulcemente lo habían proclamado.

El frío tacto de su piel fue suficiente para hacerle temblar. La criatura se abalanzó sobre su espalda y lo hizo caer de bruces contra el suelo. Podía sentir cómo sus garras y sus colmillos se clavaban en la carne y la desgarraban haciendo que su vida se derramara sobre el suelo. Su brazo, en tensión, desgarró el rosario cuyas cuentas rodaron por el suelo. Sus ojos vidriosos trataron de observarlo... era imposible. Dirigióse entonces hacia su mano, allí descansaba la cruz.

-¡En la hoguera hallaremos gloria!

-Amén
Maladie
Maladie

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Fecha de inscripción : 26/12/2012

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