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Los Siete Escalones

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Los Siete Escalones  Empty Los Siete Escalones

Mensaje por Artema el Jue Jun 04, 2015 3:08 am

Era sólo un día más. El típico día que pasaría desapercibido en el calendario de mi nueva vida. Una vida alejada del sufrimiento, del hambre y de la oscuridad que durante tanto tiempo se impregnaron en mi piel como el más pegajoso y fétido de los sudores.

- Treinta segundos, señorita Hoffman

La diligente voz de la ayudante de dirección me sacó del ensimismamiento. Era una muchacha joven, no tendría muchos más años que yo, y sin embargo aparentaba muchos menos. Esa jovialidad… esa vida escapándose a través de sus carnosos labios de color MAC nº 14. Sí, sin duda alguna, Padre habría dado buena cuenta de ella.

- ¿Estás nerviosa?- preguntó la mujer que se encontraba justo a mi lado, rodeada de maquilladoras y peluqueras dando los últimos retoques a su aspecto.
Mi única respuesta fue un ligero cabeceo de lado a lado tan dulce y tímido como pude fingir. Sobrevivir a veinte años de hacinamiento para que le hagan a una preguntas tan estúpidas como aquella.
- Lo más importante es dejarse llevar.- continuó insistiendo la presentadora. -Si en algún momento no sabes qué decir, simplemente bebe un poco de agua o finge que te viene un sollozo. El drama les encanta.- dijo sonriente la insistente mujer mientras todo el mundo se alejaba de ella.
Yo volví a sonreír.
-”Pedazo de zorra”- pensé.- “”No te importa lo más mínimo todo por lo que he pasado… Sólo te importan tu ignominioso programa y tu maldita audiencia…Pero a todas las cerdas les llega la matanza.”

Repentinamente, los focos se encendieron y todo el público comenzó a aplaudir enérgicamente mientras la tal Ellen se levantaba de su asiento y caminaba hacia su cámara. Yo me mantuve impertérrita, como me habían indicado. En otras ocasiones me habían dicho que carecía de viveza, que mis brazos colgaban con languidez desde mis hombros y que tenía que seducir a la cámara. Se confundían de mujer.

-... Y es que yo soy más de velas negras… sí. Porque con ellas se pueden invocar fantasmas. - el público comenzó a reír.
”¿De qué diantres está hablando?”- pensé para mis adentros. Mi cabeza parecía a punto de estallar.
¿Y por qué os cuento estas cosas? Pues para que veáis que soy una persona normal y corriente… con sus aficiones normales y corrientes. Fantasmas por aquí, pentáculos por allá… lo normal. - de nuevo la gente comenzó a reír.
-Quien les aseguro que es algo fuera de lo normal es nuestra primera invitada de hoy. Una mujer hecha a sí misma, superviviente de un cautiverio de más de veinte años en el sótano de la casa en la que ella misma nació. Un ejemplo de integridad y fuerza femenina. Un aplauso, por favor, para la Señorita Eva Hoffman.

Por fin se calló. Los focos me alumbraron cegándome durante unos instantes mientras mis oídos se taponaron tras tanto aplauso y silbido. Esbocé mi mejor sonrisa y traté de mantener mis manos calmadas sobre la falda de lisa tela que se pegaba a mis muslos más de lo deseable.

- Bienvenida, Eva.- inició Ellen.
- Muchas gracias, Ellen, es un placer estar aquí.- de nuevo los vítores. Una se sentía un animal de circo allí dentro.
-Bueno, tengo entendido que no es la primera vez que vienes a Los Ángeles. ¿No es cierto?- dijo la mujer retrepándose en su sillón.
-Así es. Estuve aquí el año pasado, para dar una pequeña conferencia sobre el papel de la religión durante mi… - aquel era un momento muy tenso, tenía que sonar amedrentada por los recuerdos.- Durante mi cautiverio.- la gente pareció enternecerse y Ellen me sonrió de forma conmiserativa.
-Según tengo entendido, fue todo un éxito. ¿Qué te trae ahora por aquí?- dijo con fuerzas renovadas.
-Pues he escrito un libro para ayudar a supervivientes de experiencias traumáticas como la mía...- dije con timidez, señalando el libro que había sobre la mesa. Ella lo cogió con velocidad y lo mostró hacia las cámaras. Se notaba que al menos eso sabía hacerlo.
- Tenía entendido que apenas sabías leer y escribir...- dijo la mujer con socarronería. - Aunque si Paris Hilton pudo escribir su autobiografía, supongo que cualquiera puede.- el público y ella se echaron a reír.

Comprendí entonces lo que estaba ocurriendo.No se reían conmigo. Se reían de mí. Me habían traído desde Dudelange para reírse de la pobre analfabeta a la que su padre secuestró y violó durante veinte años con total impunidad. Sentí la rabia regurgitar la bilis amarga en mi interior. Apenas pude contener mi reacción.

- Llora al muerto, pues la luz le abandonó.- espeté. Se hizo entonces el silencio y la mujer se me quedó mirando.
- ¿Cómo?
-Llora también al necio, pues le abandonó la inteligencia.- el plató entero enmudeció. - Llora más suavemente al muerto, porque ya reposa, que la vida del necio es peor que la muerte.

El silencio gobernaba el plató. Apenas se escuchaban las respiraciones y los quejidos de asombro del público mientras DeGeneres me miraba completamente ojiplática. Mi mirada atravesaba la suya, desafiante, demostrando que plantaría batalla una vez más.

En ese instante todo cambió…

Ellen se llevó la mano hacia el oído y se incorporó del asiento. Pasaron unos instantes de gran tensión. Yo imaginaba cómo entraban los gorilas de seguridad y me agarraban para lanzarme después al exterior del estudio con lo puesto y sin dignidad. Pero lo que ocurrió fue mucho más impactante.

- California...- Ellen alzó la mirada hacia las cámaras. Su voz era ahora más grave y sonaba quebradiza. - Fuentes oficiales nos informan de que ha habido una tragedia en Europa.- hizo una pausa dramática. No obstante, parecía que esta vez era realmente necesaria para no echarse a llorar.
-Al parecer, el cónyuge del Primer Ministro Luxemburgués, el doctor Destenay Gauthier, que se encontraba realizando acciones humanitarias en Nigeria, portaba una poderosa carga viral de origen aún sin identificar.- Ellen hizo una nueva pausa.
- California… en menos de 5 días la enfermedad se ha extendido por todo Luxemburgo. Medio millón de personas han perdido la vida.- se hizo entonces el caos. La gente comenzó a gritar presa del pánico, la sorpresa y el horror. Las mujeres lloraban, los hombres se abrazaban como niños pequeños y Ellen se encontraba en el centro del plató como si el tiempo se hubiera congelado para ella.

-La OMS considera que la enfermedad se transmite a través del aire y es muy posible que el contagio esté siguiendo su curso hacia el resto de países europeos. Han decidido denominarla… Cepa Omega.

En ese momento lo comprendí. Comprendí la paradoja de la vida. Comprendí el mensaje implícito a todo lo que me había ocurrido, a mí, una mujer nacida en Luxemburgo y que, por azares del destino, me encontraba en América por cuestiones puramente publicitarias. La verdad se deslizó en mi interior con la misma brutalidad con la que la virilidad de mi padre irrumpió en mi vagina de diez años. Y no pude hacer otra cosa que reír… y reír… y reír… y reír...y reír… y reír… y reír…

“Aunque ande en valle de sobra de muerte, no temeré mal alguno, porque TÚ estarás conmigo; Tu vara y Tu cayado me infundirán aliento”
Artema
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Fecha de inscripción : 03/07/2012

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